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Tres errores que nos hacen gestionar mal un conflicto

TODAS LAS PERSONAS, SEAN O NO MEDIADORAS PROFESIONALES, GESTIONAN CONFLICTOS A LO LARGO DE SUS VIDAS. Es necesario entrenar para evitar gestionar mal un conflicto.

Dependiendo de la estrategia que se elija (o que se sepa), ese conflicto se convertirá en un avance y mejora de la situación o en un problema.

Las personas mediadoras, además de formarse en las peculiaridades y fases del conflicto, se especializan en técnicas y estrategias que pueden aplicar en cada situación. Esto no es nada fácil porque al igual que el dicho “para gustos los colores”, en los conflictos sucede lo mismo.

Cuando dos personas están ante una disputa, hay que tener en cuenta que cada una de ellas cuenta con una experiencia, valores y creencias personales que las hace únicas, por lo que cada conflicto es único también.

La mediación y gestión de conflictos, se estudian dentro de las ciencias sociales. Es la parte de la ciencia donde entran en juego innumerables variables que a su vez están en continuo movimiento. En pocas, por no decir en ninguna ocasión, nos es de utilidad la experiencia en un tipo de conflicto para asegurar una buena gestión del problema, sobre todo cuando los protagonistas son diferentes.

La experiencia de un cerrajero te da la seguridad que sea cual sea la puerta te va a poder ayudar a abrirla. Por el contrario, la experiencia sobre un tipo de conflicto, donde las personas son diferentes, puede llevarte a la confusión. Puede que te dejes llevar por dichos tipo: “esto ya sé como va a acabar”, “esto ya lo he visto antes”, ” me han contado que a Pascual le pasó lo mismo”… y des por hecho muchas cosas que te impidan ver más allá. Es como la frase que decía continuamente un antiguo amigo:

“Que el primer árbol no te impida ver el bosque que hay detrás”.

Cuando se acude a un mediador o mediadora, es porque después de muchos intentos, las personas ya no se saben que más hacer para cambiar la situación. Una situación donde el conflicto ya se ha convertido en problemón. Además, como ya se lleva aguantando mucho tiempo, las emociones están al límite de afectar incluso a la salud.

Las personas que vienen a mediación quieren solucionar el problema manteniendo su protagonismo, entienden que es su vida!!! Lo que buscan es ayuda para salir del embrollo donde están atascados. Por una parte quieren aprender a gestionar el conflicto de otra forma, que además les ayude a prevenir futuros problemas. Además, evitan hacer más grande el problema entrando en los tribunales. Prefieren no poner en manos de una tercera persona las decisiones que les va a afectar a su propia vida, al mismo tiempo que les va a hacer gastar mas tiempo, dinero y energía.

Aun así, antes de pedir ayuda hay 3 cosas que puedes hacer para evitar gestionar mal un conflicto y así prevenir el problema.

1. Ocultar o negar el problema

Hemos crecido con frases tipo: “Déjalo pasar”, “No merece la pena hablar de eso”, “Lo pasado, pasado está”, “Olvídalo”, “Si se enfada no se lo digas y ya está” …

Son consejos que te invitan a mirar hacia otra parte. Hacen que el problema se convierta en un problemón muy difícil de gestionar. El conflicto crecerá hasta que sea lo suficientemente visible para que le prestes atención. Cuanto más esperes, mayor atención tendrás que prestarle y mayor cantidad de energía habrás perdido por el camino.

Cualquier tipo de crecimiento, ya sea físico, psíquico o social, viene acompañado de algún tipo de conflicto. Acuérdate del gusano de seda, cuando se queda bloqueado en el capullo y necesita hacer un gran esfuerzo para romperlo y seguir su vida de otra forma, aunque siempre manteniendo su libertad.

2. Confundir simpatía con empatía.

Este error lo solemos cometer cuando intentamos ayudar a alguien cercano, alguien a quien estimamos. Esa persona a la que te une un vínculo emocional, tan fuerte, que a veces sientes en primera persona todo lo que ella está sufriendo. Vamos, que ves a tu amigo o amiga en las arenas movedizas y te lanzas a ayudarle, ¡¡¡pero ojo!!! que esas ganas de ayudar han hecho que dejes la cuerda en el suelo firme y ahora sois dos personas las que estáis metidas hasta las cejas. Esto se llama simpatía.

Ser consciente de tus emociones es el primer paso para gestionar bien un conflicto

También habrás oído hablar de la empatía, esto es lo que tu amigo o amiga necesita. Consiste en entender lo que está experimentando otra persona, de una forma objetiva, sin que te secuestren sus emociones. Para ello es necesario que le escuches para comprender, no para juzgar, aconsejar o dar aprobación incondicional a lo que estas escuchando.

Dentro de la formación de la persona mediadora entra también en juego el entrenamiento de las emociones. Cuando te están compartiendo un problema, es imprescindible ser consciente de las propias emociones. Es el primer paso para hacer una buena gestión del conflicto. Te aseguras que tus emociones no se van a sumar al conflicto, vamos que no vas a echar más leña al fuego. Se trata de ayudar objetivamente. Es lo que la mediación defiende como NEUTRALIDAD.

3. Ser Parcial.

Este error viene muchas veces de la mano del anterior. En mediación, además del principio de confidencialidad, los principios más importantes son la neutralidad e imparcialidad. La neutralidad, como se ha explicado en el punto anterior, es algo que la persona mediadora profesional ha de entrenarse, para que sus valores, sentimientos y prejuicios no perjudiquen el ambiente de igualdad, respeto, seguridad y confianza de la mesa de mediación. Al fin y al cabo es una persona terrenal, no tiene ningún superpoder. Lo que si tienen las personas mediadoras son muchas ganas y motivación para seguir aprendiendo.

Ser imparcial significa no tomar partido por ninguna parte. Esto va a ayudar a que cada parte abra su punto de mira, amplíe la información y esto le haga aumentar las opciones para solventar la situación. Esto es no es tarea fácil, ya lo sé, sobre todo cuando es nuestra amiga, o amigo, del alma a quien queremos ayudar. En estas situaciones nos sumergimos en la subjetividad y ayudamos a hacer más ancho el árbol que no nos deja ver un bosque lleno de opciones.

Para gestionar bien un conflicto hay que pintar el escenario cuanto más detallado mejor. Y no olvides que para dar color a este escenario es necesario saber el punto de vista de la otra parte.

Estos tres errores hacen que se gestione mal el conflicto. Evítalos y conseguirás dejar de alimentar el conflicto haciendo más grande el problema. A cambio mejorarás tu bienestar y el de los que te rodean.

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